Puede creerse alguien que Cáritas solo ayuda
a los inmigrantes?, ¿o que los subsidios a los alquileres solo benefician a los
extranjeros?, ¿o que los refugiados utilizan el sistema sanitario para pedir
Viagra y luego se van de vacaciones con dinero público? Hay mentiras descaradas que se comparten, se expanden por grupos de WhatsApp
o Twitter y se instalan en algún rincón del cerebro de ciertas personas. Son
especialmente dañinas cuando relacionan inmigración y dinero, y su difusión no
incluye un gran nivel de sofisticación. Lo denunciaban los reporteros y
analistas reunidos en el penúltimo Congreso Internacional de Periodismo de
Migraciones hace ya un año. “La gente necesita respuestas. Me han llegado unos
20.000 mensajes este año, y un tercio eran preguntas relacionadas con migrantes
por desinformación. Los malos cada vez lo hacen mejor, hay decenas de webs de
desinformación que tienen apariencia de medios serios y que mienten continuamente
sobre este tema”, lamentaba Julio Montes, impulsor de Maldito Bulo, una página
que desmonta esas patrañas
Desde la extrema derecha se dice que los
países tienen un número determinado de empleos disponibles, algo completamente
falso. Los inmigrantes también consumen, cotizan, algunos son empresarios y
generan efectos rebote. El mejor ejemplo
está en la España de
antes de la crisis. La llegada de inmigrantes provocó, por ejemplo, que más
españolas se incorporasen al mercado de trabajo porque muchas mujeres
latinoamericanas se emplearon en el servicio doméstico, provocando ese efecto
Según un informe de Citigroup, las economías del sur de Europa, incluida España,
habrían crecido entre un 20% y un 30% menos en ausencia de inmigrantes entre
1990 y 2015.
Las migraciones, mayoritariamente, no
proceden de los países más pobres, sino de aquellos con ingresos medios: la OIT
estima que hay 164 millones de personas en el mundo en busca de mejores
oportunidades económicas. Es una corriente con tendencias cambiantes: el 51%
son ahora mujeres y el éxodo climático cotiza al alza —la ONU prevé que haya
200 millones de desplazados por este motivo en 2050
Otro problema está en la medición de la
recaudación a través de impuestos indirectos, y ahí los estudios ponen la vista en la renta disponible de las familias. En el caso español,
según el informe CIDOB de la Inmigración 2018, la realidad es que la diferencia
de renta entre los nacionales y los extranjeros oscila entre un 25% y un 46%
(dependiendo del origen de los segundos), y algo similar ocurre con los
indicadores de pobreza, que exhiben también notables diferencias desfavorables
para los extranjeros. Según la encuesta de condiciones de vida del INE, un 8,4%
de los inmigrantes declaran que no puede permitirse una comida de carne o
pescado al menos cada dos días (frente a un 3,5% de nacionales) y un 65% no
tienen capacidad para afrontar gastos imprevistos (la mitad en el caso de los
españoles). El 22% de los extracomunitarios no pueden permitirse comprar un
coche (un 3,7% de los nacionales).
Los inmigrantes en España no solo son más
pobres que los nacionales, sino que su situación se perpetúa en el tiempo sin que el ascenso social
avance. Los migrantes tienen normalmente “una tasa de empleo más baja, cotizan menos,
pero al mismo tiempo reciben ayudas inferiores a los nacionales
No hay comentarios:
Publicar un comentario