viernes, 15 de noviembre de 2019

Los extranjeros no roban puestos de trabajo,


Puede creerse alguien que Cáritas solo ayuda a los inmigrantes?, ¿o que los subsidios a los alquileres solo benefician a los extranjeros?, ¿o que los refugiados utilizan el sistema sanitario para pedir Viagra y luego se van de vacaciones con dinero público? Hay mentiras descaradas que se comparten, se expanden por grupos de Whats­App o Twitter y se instalan en algún rincón del cerebro de ciertas personas. Son especialmente dañinas cuando relacionan inmigración y dinero, y su difusión no incluye un gran nivel de sofisticación. Lo denunciaban los reporteros y analistas reunidos en el penúltimo Congreso Internacional de Periodismo de Migraciones hace ya un año. “La gente necesita respuestas. Me han llegado unos 20.000 mensajes este año, y un tercio eran preguntas relacionadas con migrantes por desinformación. Los malos cada vez lo hacen mejor, hay decenas de webs de desinformación que tienen apariencia de medios serios y que mienten continuamente sobre este tema”, lamentaba Julio Montes, impulsor de Maldito Bulo, una página que desmonta esas patrañas
Desde la extrema derecha se dice que los países tienen un número determinado de empleos disponibles, algo completamente falso. Los inmigrantes también consumen, cotizan, algunos son empresarios y generan efectos rebote. El mejor ejemplo está en la España de antes de la crisis. La llegada de inmigrantes provocó, por ejemplo, que más españolas se incorporasen al mercado de trabajo porque muchas mujeres latinoamericanas se emplearon en el servicio doméstico, provocando ese efecto
Según un informe de Citigroup, las economías del sur de Europa, incluida España, habrían crecido entre un 20% y un 30% menos en ausencia de inmigrantes entre 1990 y 2015.
Las migraciones, mayoritariamente, no proceden de los países más pobres, sino de aquellos con ingresos medios: la OIT estima que hay 164 millones de personas en el mundo en busca de mejores oportunidades económicas. Es una corriente con tendencias cambiantes: el 51% son ahora mujeres y el éxodo climático cotiza al alza —la ONU prevé que haya 200 millones de desplazados por este motivo en 2050
Otro problema está en la medición de la recaudación a través de impuestos indirectos, y ahí los estudios ponen la vista en la renta disponible de las familias. En el caso español, según el informe CIDOB de la Inmigración 2018, la realidad es que la diferencia de renta entre los nacionales y los extranjeros oscila entre un 25% y un 46% (dependiendo del origen de los segundos), y algo similar ocurre con los indicadores de pobreza, que exhiben también notables diferencias desfavorables para los extranjeros. Según la encuesta de condiciones de vida del INE, un 8,4% de los inmigrantes declaran que no puede permitirse una comida de carne o pescado al menos cada dos días (frente a un 3,5% de nacionales) y un 65% no tienen capacidad para afrontar gastos imprevistos (la mitad en el caso de los españoles). El 22% de los extracomunitarios no pueden permitirse comprar un coche (un 3,7% de los nacionales).
Los inmigrantes en España no solo son más pobres que los nacionales, sino que su situación se perpetúa en el tiempo sin que el ascenso social avance. Los migrantes tienen normalmente “una tasa de empleo más baja, cotizan menos, pero al mismo tiempo reciben ayudas inferiores a los nacionales

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